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¿Cómo hablar sobre las drogas con nuestros hijos e hijas?

¿Cómo hablar sobre las drogas con nuestros hijos e hijas?

Jeringuillas en el suelo.

Cuando nuestros hijos e hijas llegan a la adolescencia se inicia una etapa en la que aparece una problemática que a menudo no sabemos cómo abordar: ¿cómo hablar sobre drogas, consumo y prevención? La adolescencia es una etapa de cambio físico, psicológico y social, cuando los chicos y las chicas se inician en las relaciones sexuales, son cada vez más independientes y se va fraguando un sentido de la identidad en relación con los iguales. Esta es una etapa en la que deseamos experimentar sensaciones nuevas, nos descubrimos a través de los aciertos y los errores, y cuando el sentido de la pertenencia, la aceptación y la valoración social adquiere un enorme peso.

Para poder abordar adecuadamente la temática del consumo ya sea de alcohol, cannabis u otras sustancias, es necesario tener en cuenta algunas cuestiones.

¿Por qué el cerebro de los adolescentes es más vulnerable a las adicciones?

Adolescente de espaldas pensando en redes sociales.

Las áreas cerebrales asociadas con las funciones básicas, sensoriales y motoras, es decir aquellas relacionadas a la supervivencia, las sensaciones y el control del movimiento maduran muy pronto en las personas. Después comienzan a madurar las áreas relacionadas con las emociones, así como el sistema de recompensa cerebral. Y finalmente se desarrollan las áreas involucradas en la toma de decisiones, la solución de problemas y el control de los impulsos y de las emociones, que no adquieren plenamente sus características adultas hasta pasados los 20 años de edad. Esto implica que los adolescentes desarrollan antes “el acelerador” mucho antes que “los frenos” y “la dirección”.

Algunas características de la propia adolescencia hacen que esta sea una etapa de riesgo para el consumo:

¿Cómo afectan las drogas al cerebro?

El área implicada en las conductas adictivas es el sistema de recompensa cerebral, un conjunto de mecanismos que permite que asociemos ciertas situaciones a sensaciones placenteras. Las diferentes sustancias actúan estimulando este sistema facilitando o desinhibiendo determinados neurotransmisores, como la dopamina. Así, la cocaína, por ejemplo, bloquea el mecanismo de recaptación de la dopamina, haciendo que esta permanezca más tiempo en el espacio sináptico, generando esa sensación de euforia y placer. Y dado que el cerebro recuerda las sensaciones placenteras, aprende a buscar el estímulo que le genera esta recompensa, instalándose poco a poco la adicción.

Cuando una persona consume de forma continuada, el exceso de determinado neurotransmisor (como podría ser la dopamina) hace que el cerebro se ajuste a las circunstancias bien disminuyendo la cantidad de neurotransmisor o reduciendo la cantidad de receptores (un poco como quien se pone tapones en los oídos si le gritan, o como si bajáramos el termostato si notamos que hace mucha calor). Como resultado, la capacidad de la persona para experimentar placer con actividades que estimulan el sistema de recompensa de forma natural (como por ejemplo, a través de actividades como el deporte, ir al cine, leer…) va disminuyendo paulatinamente. Las personas que consumen, con el tiempo, se sienten deprimidas, apáticas y sin motivación, porque su sistema de recompensa ha sido alterado por el consumo.

Otras consecuencias más dramáticas incluye el daño, lesión o muerte del tejido cerebral.

La importancia de prevenir de forma temprana

El cerebro adolescente es mucho más vulnerable a los efectos de las drogas que un cerebro adulto, debido a que este se encuentra en pleno desarrollo. Recordemos que las áreas que permiten a las personas adultas inhibir nuestros impulsos, sopesar las opciones y tomar decisiones son, todavía, inmaduras.

Por otro lado, empezar muy pronto a consumir sustancias como el alcohol, el tabaco o el cannabis, favorece la aparición de problemas con éstas u otras sustancias en el futuro. El consumo de drogas suele ir acompañado en la mayoría de los casos de otros problemas importantes que pueden llevar a conductas disruptivas, alteraciones del estado de ánimo y de la regulación de las emociones o problemas en el rendimiento académico y laboral. Así, cuanto antes se inicie una persona adolescente en el consumo, mayor será el riesgo.

Todo esto indica la importancia de conseguir, al menos, retrasar la edad de inicio del consumo de cualquier droga.

¿Cómo hablar de ello?

Para hablar sobre el consumo con nuestros hijos e hijas es bueno tener en cuenta algunos aspectos.

Algunos datos sobre consumo

Gráfico de barras que muestra la edad media de inicio al consumo de drogas separado por sexo.

Según el estudio ESTUDES [1] los chicos y chicas de entre 14 y 18 años consumieron en los últimos 12 meses (año 2021):

La edad media del inicio del consumo se situaba entorno a los 15 años en el caso del alcohol, en los 14,8 en el caso del cannabis y algo más temprano en el tabaco. La edad de consumo de otras drogas como las anfetaminas, los alucinógenos o el éxtasis se sitúa igualmente entorno a los 15.

Bibliografía / Fuentes

[1] Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España. Fuente: Ministerio de Sanidad -PNSD. https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/encuestas_ESTUDES.htm